José Luis Lezama
Mural
El caso del actor Raúl Araiza y sus anuncios comerciales a favor del PVEM sintetiza lo que es este partido, sus ideas sobre el medio ambiente, sus intereses y sus verdaderas motivaciones. Si el mencionado actor no hubiera hecho las diversas y contradictorias declaraciones que hizo a los medios, sus anuncios pagados a favor del PVEM hubieran sido tratados como lo que simplemente son: la promoción de un producto comercial, en este caso un partido político, que se ofrece no sólo al mercado electoral, sino también al del intercambio de favores y privilegios. El actor Araiza con sus declaraciones denunció involuntariamente la red de complicidades y simulaciones de un partido político que se presenta ante el electorado mexicano como la voz de quienes defienden la causa ambiental. En sus primeras declaraciones el actor señaló que fue un simple instrumento, algo así como simple expresión verbal e imagen para anunciar un producto de cuyo contenido no era responsable. Sus empleadores de la televisión y del partido pudieron haber elegido a cualquier otro. Estrictamente hablando ésa sería una razón válida para aparecer en los medios, de la misma manera que otras figuras públicas en México y el mundo anuncian las más diversas y extravagantes mercancías. Nadie les ha preguntado a estos personajes si realmente creen en las virtudes de los productos que anuncian. Las rectificaciones y la repentina pasión por la causa ambiental del actor Araiza no eran necesarias, no obstante sirvieron para que emergieran a la luz pública los compromisos existentes entre partido y televisora, lo que también dio pie para recordar los que ha establecido en el pasado con otros grupos de poder.
El actor seguramente no sabe, a sus patrocinadores tampoco parece interesarles demasiado, que las causas que el partido de referencia defiende no son precisamente ambientales, y las que parecen serlo, no son patrocinadas para la protección del ambiente propiamente dicho sino de otros intereses de naturaleza extraambiental. Nada más alejado de las propuestas de un auténtico partido verde que promover la pena de muerte. La causa ambiental es por la vida. Fue precisamente la preocupación social por la amenaza al sistema de la vida provocado por la irresponsable intervención humana sobre la naturaleza lo que hizo surgir a los grupos y partidos ambientalistas en el mundo. Algunas de las diferencias entre pensadores y militantes verdes tienen que ver con la forma de vida en la que ponen el énfasis y a la que le dan prioridad. Para algunos toda forma de vida debe ser defendida y protegida. Para otros es la humana la que debe ser la preocupación principal. No existe posibilidad de ser un partido ambientalista y al mismo tiempo proponer la muerte como solución a problemas sociales.
La otra parte del promocional de este actor repentinamente converso a la causa verde, la referida a los "vales" para medicinas, además de simulación muestra una intención abiertamente manipuladora. Penetra en el inconsciente colectivo de una manera subliminal y fantasiosa. Ofrece medicinas gratuitas a nombre del Estado. Hace suponer a la gente que votar por el verde no sólo se traducirá en hacer llegar al Congreso una propuesta de medicamentos gratuitos, sino que da como un hecho que la gente los obtendrá con sólo votar a favor de este partido. La propaganda se convierte en un chantaje moral y emocional a la población, sobre todo a la más necesitada.
Votar por el verde en estas circunstancias es otorgar un voto en blanco para facilitar el comercio político de un partido de dudosa causa ambiental. Es garantizarle la posición de cuarta fuerza electoral, con posibilidades reales de reafirmar su posición como factor de poder en las grandes decisiones que se negocian entre las principales fuerzas políticas del país.
El verde es un caso paradigmático y patético del sistema de partidos contra el cual se alza hoy en día un grupo importante de ciudadanos de México bajo la iniciativa del voto nulo. Existe un cierto consenso en un amplio sector del mundo intelectual sobre la utilidad del voto nulo. Éste, se ha dicho, más que expresión de una actitud racional y de una estrategia política efectiva para redistribuir más democráticamente el poder y, desde luego, la toma de decisiones, daría cuenta de un estado emocional, de una especie de "malestar en la cultura". Pero el voto nulo no sólo manifiesta una sensación de malestar, da cuenta también de una voluntad ciudadana que desea una transformación sustancial en la forma de hacer política, en la manera de conducir los destinos de la nación y en la pobreza e incapacidad de los partidos políticos para representar algo más allá que sus simples intereses. El voto nulo emerge así como la más clara expresión simbólica y real del poder ciudadano para imponerse a la aparente inevitabilidad de un statu quo que impide al país la práctica de una democracia verdadera.
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sábado 4 de julio de 2009
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