lunes 29 de junio de 2009

Votando

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Me preguntan lectores cómo votaré el 5 de julio. A los que saben que simpatizo con el movimiento anulista les sorprende la respuesta: no anularé todos mis votos, votaré diferenciadamente.

Las elecciones intermedias incluyen la elección de legisladores y autoridades locales: jefe delegacional y asambleísta, en el caso de la Ciudad de México, además de diputado federal.

Desde hace muchos años he dado mi voto en esas elecciones sólo a candidatos que han hecho algún contacto significativo con mis necesidades o mis expectativas como votante.

Siguiendo ese criterio, en las últimas dos elecciones intermedias me he abstenido de votar por diputado y por asambleísta.

He votado en cambio dos veces por el PAN para jefe delegacional. Las dos veces en reconocimiento a un delegado panista anterior, por el que no voté, pero que hizo en mi colonia, la San Miguel Chapultepec, un cambio completo de las banquetas, que son ahora de las mejores banquetas de la ciudad.

Es el único bien público tangible que he recibido de alguna autoridad local como vecino de la San Miguel Chapultepec. Y no me olvido.

Votaré nuevamente por el candidato panista a jefe delegacional de la Miguel Hidalgo, Demetrio Sodi. Lo haré por las banquetas que hizo su antecesor, pero lo haría sin ellas, porque Demetrio Sodi me parece un candidato serio, comprometido y experimentado: el mejor candidato que he tenido al alcance en mucho tiempo.

Ningún contacto han hecho con mis necesidades o mis expectativas los candidatos a la Asamblea y a la diputación federal que me corresponden.

En vez de abstenerme, como otras veces, votaré anulando mi voto en la modalidad de votar por un candidato no registrado, lo cual equivale a un voto nulo, pero el IFE está obligado a contarlo por separado.

El voto nulo me ha sacado de la simple conducta abstencionista de antes. Me ha dado un horizonte para manifestar algo más que indiferencia a los candidatos: rechazo al diseño vigente de nuestro sistema de partidos.

No se trata del abandono de la política, como sugirió el Presidente la semana pasada, ni de renunciar al voto, como dicen otros. Se trata de un acto político de rechazo a los acomodos de un sistema de partidos inoperante, centrado en sí mismo. Y de usar el voto para algo más que resignarse a la lógica del candidato menos malo.

El movimiento anulista ha tenido ya consecuencias políticas. En parte debido a él han empezado a abrirse instancias de nuevas reformas a la infortunada reforma del 2007. No es poco ni mucho, pero es más de lo que conseguirán los votantes resignados.

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